Tradiciones vivas de mayo: la palanca de frutas de Santa María Ostuma
Celebraciones que reflejan la diversidad cultural del país

Mayo, con el inicio de las lluvias, abre la temporada de siembras y de celebrar la fertilidad de la tierra, con prácticas como la palanca de frutas que expresan esa celebración. Para acercarnos un poco más a las tradiciones de los pueblos del país, el martes 5 de mayo presentamos e invitamos a participar en «Tradiciones vivas de mayo: la palanca de frutas de Santa María Ostuma», a las 5:00 p. m., en el Centro Cultural de España en El Salvador. Será una actividad accesible para personas sordas a través de interpretación mediante lengua de señas salvadoreña (LESSA).
La palanca de frutas, una de las tradiciones que refleja la diversidad cultural del país, se preserva especialmente en los pueblos de Santa María Ostuma, San Juan Nonualco, San Pedro Nonualco, Izalco y algunos otros, en cada uno de ellos con rasgos particulares. Además de estar enmarcada dentro de las festividades y ritos católicos, también resguarda prácticas indígenas y funciona como ritual para reconocer el esfuerzo humano, la producción de la tierra y la capacidad de organización de las personas de cada pueblo.
Para conocer más sobre cómo se ejecuta esta tradición recibiremos la visita de un grupo de Santa María Ostuma, en colaboración con la dirección de este distrito, que nos contarán cómo son las procesiones de la palanca de frutas los días 30 y 31 de mayo. El origen de estas procesiones —con largos recorridos desde los Barrios Candelaria, El Carrizal y San Isidro— se remonta a 200 años según algunas fuentes y, según otras, data de hace 100 años.
Conoce más sobre la palanca de frutas
Las palancas son estructuras sostenidas en el centro por un tronco de madera de entre 5 y 15 metros, que se decora con las frutas más abundantes de la zona, como piñas, cocos, paternas o mangos, pero también con abonos para la siembra y otros productos. Elaborarlas es un trabajo que mezcla planificación, fuerza física y conocimientos heredados, por las horas de dedicación, por las personas que deben implicarse y por el número de palancas —al menos 10— que se construyen.
Una vez armada, la palanca es trasladada a pie desde los lugares de origen hasta un punto de encuentro, acompañada de una procesión, tambores y personajes con máscaras. Al llegar a su destino, se realiza una misa, se comparten alimentos y se reparten las palancas. Este traslado de las palancas constituye un desafío que puede involucrar a entre 30 y 60 personas para poder levantar la estructura y las frutas que llevan.